quejas

Todos en algún momento nos hemos quejado por algo. No hay quien escape a las quejas. Pero, ¿para qué las usamos y de qué nos sirven?

¿Para qué te quejas?

Si eres de las personas que se quejan todo el día de las cosas malas, de las cosas buenas y de las cosas que aún no han sucedido, permíteme preguntarte:

  • ¿Para qué te quejas?
  • ¿Para qué lo haces?
  • ¿A caso, quejándote logras cambiar aquello de lo que te quejas?
  • ¿Cómo llega tu cuerpo, tu mente al final del día cuando pasas todo tu tiempo quejándote?

Si eres de las personas a las que le toca compartir un espacio familiar, laboral o social con alguien que se queja todo el día dime:

  • ¿Cómo te sientes cada vez que vez llegar a esa persona?
  • ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando la ves?

No me niegues que lo primero que piensas es “ahí llegó” y deseas irte lo más rápido posible a otro lugar.

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Dime si has notado que luego de estar con una persona que se queja continuamente por cualquier cosa, tú te sientes cansado, ya no tienes el mismo estado de ánimo que antes, puede que sientas dolor de cabeza o te sientas irritado o de mal humor.

¿Sabes a qué se debe eso? No, no es a que eres mala persona o poco tolerante. Sino que escuchar a una persona quejarse continuamente es desgastante para nuestro cerebro y por razones de supervivencia, nuestro cerebro hace que queramos estar en otro lugar, que nos alejemos de esa persona porque consume nuestra energía.

¿Qué sabes acerca de la queja y para qué la usamos?

La queja como conversación es tentadora porque tiene dos elementos que la hacen atractiva:

  1. Siempre nos da la razón;
  2. Nunca nos hacemos responsables de lo que decimos

Cada vez que nos quejamos nos ponemos en el papel de víctimas de una situación o circunstancia, buscamos que los demás nos comprendan y nos apoyen, pero la negatividad de nuestro discurso quejoso logra que quienes nos rodean terminen alejándose, porque a nadie le agrada escuchar quejas constantemente.

Las personas que se quejan no hacen nada para cambiar la situación de la que se quejan, creen que quejándose encontrarán a alguien que se ocupe de solucionarles el problema y así obtener lo que desean.

Las personas que se quejan son ladronas de energía, son garrapatas energéticas. Absorben toda la energía positiva de su entorno y la transforman en negativa, por eso una persona cuyo discurso constante es la queja termina quedándose sola, puesto que su cerebro comienza a centrarse en todo lo negativo que sucede a su entorno y potenciarlo.

¿Cómo cambio mi discurso quejoso?

Lo primero que debes asumir es que cuando algo no te guste, por más que te quejes sino trabajas por cambiarlo, por el solo hecho de quejarte eso no va a pasar.


Esto no significa que si algo no te gusta no te puedas quejar. Pero no te quedes encerrado en la queja, exprésala sí, pero ponte a actuar para cambiar esa situación. Ya sabemos que las cosas por sí solas no cambian.


Muchas veces debemos aceptar que las cosas son como son, no como deberían de ser. Pero quejarme o resignarme a cómo son las cosas, no es la mejor alternativa.

Aceptar las cosas como son no es darse por vencido, sino no entrar en el discurso quejoso. Es enfocarse a partir de esta situación hacia delante y hacia donde quiero ir y qué quiero lograr.


Es tan amplio el universo de posibilidades que se presenta ante nosotros, que nuestro cerebro se centra en todo lo positivo y bueno que hay esperándonos. Y aquello por lo que nos quejábamos pasa a ser algo pequeño que quedó atrás.

Entonces me pregunto ¿Qué quieres? ¿Seguir mirando hacia atrás aquello que pasó y que no puedes cambiar? Ó ¿Enfocarte en ese enorme universo de nuevas posibilidad para decidir qué quieres lograr y hacia dónde quieres ir? Tú decides.

“No te quejes de sufrir, que así aprendes a socorrer.”

Lao Tsé

Personalmente me ha pasado que cuando algo no era como yo quería me quejaba todo el tiempo y terminaba muy enojada por el discurso que me repetía a mí misma. Me quejaba porque las situaciones no se daban como yo quería o porque las personas no actuaban como esperaba.

Con el tiempo entendí que no podemos cambiar el comportamiento de los demás ni cómo nos hacen sentir con sus actitudes, lo qué si puedo decidir es cómo actuar frente a esas situaciones y cómo me quiero sentir. Obviamente la queja ya no está entre mis opciones.

Opte por enfocarme en qué hacer cuando algo no me gusta, es cierto que muchas veces no puedo cambiar las cosas pero si puedo decidir cómo me quiero sentir frente a una situación.

El resistirnos a una situación cuando no resulta como queremos es inútil y desgastante. Aceptar que las cosas son como son, nos permite enfocarnos en qué queremos de ahí en adelante. Qué cosas queremos que nos pasen y centrar nuestra energía en eso.

¿Y tú que decides? ¿Seguir quejándote o enfocarte en crear las cosas que quieres que te sucedan? Yo definitivamente me quedo con la segunda opción. Anímate a diseñar las cosas que quieres que sucedan y suelta la cantaleta de la queja que a nadie le gusta y menos te sirve a ti.

Sé feliz, acepta que hay cosas que no puedes cambiar. Tú decides que actitud tomar frente a ellas. Que la queja no sea una opción.

Mira también la nota anterior: 3 tips para encontrar la motivación perdida

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