Racionalismo

Nos encontramos en el paradigma del racionalismo, el ostracismo emocional, la verdad absoluta, la proliferación de respuestas y la incapacidad de diálogo, funcionales al sistema socio-cultural.

No hay diálogo, debido a que cada uno lucha por imponer su realidad, defender su verdad, posicionando a la escucha como un estorbo.

La última mitad del siglo XX puede ser recordada por el avance desenfrenado del progreso tecnológico, así como también, por la creación de nuevas formas de control social, cultural, económico y político a través de varios mecanismos que moldean a la sociedad, germinando una crisis donde la violencia se encuentra en todos los dominios.
Crisis de identidad, cultural, ideológica y de sentido.

Parece ser que el desarrollo de la educación y de la humanidad, día a día, acentúan su antagonismo, llegando a vislumbrarse un conflicto sin precedentes.
El aprendizaje, producto del desarrollo cultural de los últimos años, se encuentra pincelado para ser funcional al sistema. Prácticamente todo nuestro aprendizaje se apoya en la razón. Los métodos de enseñanza buscan transmitir información y conocimientos en la forma de ideas, conceptos, teorías, hechos, descripciones, procedimientos y prácticas que se comunican a través del raciocinio, dejando de lado el cuerpo y la emoción.

¿Cómo comienza este modelo?

Para poder entender dicho modelo debemos situarnos en los siglos XVI y XVII donde el empuje del racionalismo derivó en una pugna entre la Iglesia y los nuevos científicos que llevó a una división entre el mundo exterior del individuo y su mundo interior. Con el éxito creciente de la ciencia, impulsada por los racionalistas, se privilegió el mundo exterior (el de los inventos, el de la acumulación de conocimiento), mientras el mundo interior, donde quedaron las emociones, queda relegado. El mundo emotivo ha sido despreciado como parte del pensamiento. Hemos entendido el intelecto como un tema que tiene que ver con la lógica y las ciencias, y hemos arrinconado al mundo emocional y su aprendizaje dejado a la deriva.

En esa visión, las emociones son consideradas como una influencia negativa. Esta mirada sostiene que debemos permanecer emocionalmente neutrales para pensar con claridad. Mantener una actividad cognitiva completamente libre de emociones es un ideal al cual todos deberíamos aspirar para mantener la objetividad y un razonamiento impecable.

El aprendizaje ha sido arruinado y destruido, hemos disociado el lenguaje del cuerpo y la emoción. Como consecuencia, el ser occidental de hoy es lingüístico-racional.
Vivimos en un mundo donde todo es explicado y medido. Esta realidad muestra una desvinculación con las emociones y con el espacio que éstas tienen en nuestras vidas. Se ha negado por años la importancia de las emociones, lo que ha desarrollado en el ser de hoy una especie de ostracismo emocional.

Los seres humanos somos emocionales

Pretender dejar las emociones de lado es una ilusión que no se puede sostener desde nuestro vivir como seres humanos. Nos encontramos en una época de cambios. La crisis del mundo es una crisis educativa.
Necesitamos transformar la pedagogía de la respuesta por una de la pregunta, del cuestionamiento. Formar personas críticas y emocionales al entorno, a la cultura, a la sociedad toda, para poder hacer un cambio que permita erradicar la violencia y transformar el mundo.
Para eso, necesitamos re-pensar y cambiar el paradigma educativo.

El modelo educativo solo puede ser transformado si logramos entender la coyuntura, si asimilamos y coordinamos nuevas disciplinas. Entre ellas podemos encontrar el Coaching ontológico, disciplina que viene creciendo a pasos exponenciales en los últimos años, haciéndose cargo de problemas que otras disciplinas no están pudiendo resolver.
A los enlatados de respuestas, el Coaching ontológico nos viene a traer la pregunta para hacernos reflexivos y críticos pero sobre todo responsables de nuestras acciones.
Al aprendizaje lógico y matemático, el Coaching ontológico hace vivir la educación de forma emocional, y reflexiva, siendo atravesada por todo el cuerpo.

Acercar nuevas disciplinas al modelo educativo nos hará reinterpretar cuáles son los medios para crear una sociedad más justa y humana dónde la coherencia y la congruencia sea generada por la emocionalidad, la corporalidad y el lenguaje.

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