con quien te comparas

Por Laura Isanta

Pensá en cuántas de las cosas que hoy poseés te dieron mucha alegría en el momento en que las conseguiste y ahora pocas veces te resultan asombrosas o exultantes. O tal vez incluso hayas pasado a despreciarlas, producto de la comparación social. Quizá su casa, tu pareja, tu trabajo, tu coche, tal vez un par de zapatos o incluso tu oficina, fueron cosas conseguidas con mucho esfuerzo y que te hicieron sentir orgulloso de tu logro. Sin embargo, sin darnos demasiada cuenta de cómo fue, lo que un día era maravilloso llega a convertirse en algo de poco valor. No solo nos parece normal, por tenerlo disponible habitualmente, sino que su valor comienza a disminuir porque además lo comparamos con lo que poseen otros que se encuentran por encima de nuestros niveles sociales. Las cosas, las personas y los sucesos son los mismos, pero ha cambiado la vara con la cual las medimos.

Comparar es algo que hacemos naturalmente y es una de las bases que utilizamos para emitir nuestros juicios. Decimos si algo es bueno o malo, bajo o alto, responsable o irresponsable y lo hacemos siempre con respecto a algo. Los juicios tienen una importante función en nuestra vida y nos ayudan en la toma de decisiones. Con ellos proyectamos escenarios futuros a partir de los cuales actuamos en el presente. Tenemos juicios porque el futuro nos inquieta. Cuando decimos “este año será el más difícil de los últimos diez años” estamos haciendo una comparación, que puede ser acertada o no, pero será la que guiará nuestro comportamiento. Esta habilidad útil y necesaria, como todas las cosas de la vida, también tiene su contrapartida: contamina nuestro bienestar y felicidad.

Se ha estudiado. Al parecer, el segundo lugar genera más tristeza que obtener una medalla de cobre.

Los científicos descubrieron que ganar una medalla de plata hace infelices a los deportistas, mientras que los premiados con la de bronce sí se sienten satisfechos. Pero ¿por qué? ¿Cómo es posible que un deportista se sienta triste por ganar una medalla de plata? ¿Cómo es posible que el ganador de la medalla de bronce se sienta más feliz?

Se trata de un pensamiento contrafactual. Las personas imaginan escenarios y resultados alternativos que podrían haber sucedido, pero que no sucedieron. La diferencia entre la plata y el bronce es con quién se comparan. Los medallistas de plata se centran en los medallistas de oro, y los medallistas de bronce se comparan hacia abajo; es decir, con quienes no han tenido la suerte de subir al podio. Los ganadores de la medalla de plata se recriminan y castigan por todo lo que no hicieron para alcanzar el oro, mientras que los ganadores de la medalla de bronce celebran llevarse un premio a casa.

Mirá También la nota anterior de Laura Isanta

Imaginá que tenés dos casas y que los círculos negros del centro del gráfico que está debajo representan cada una de ellas, mientras que los círculos grises que los rodean representan las casas de tus vecinos.

comparar

En ambos casos seguramente te sentirás diferente. Si observás el gráfico podrás ver que los círculos negros del centro son del mismo tamaño; sin embargo, los círculos grises que los rodean determinan que los veamos más grandes o más pequeños. Pues de la misma manera funciona la comparación social. Mi casa es la misma pero el valor que le doy puede verse afectado por la casa de mi vecino. Esto ocurre no solo con mi casa, si comparo mi vida con la de personas más afortunadas que yo o mi vida actual con la mejor que tuve en otro tiempo puede hacerme sentir muy infeliz.

Sin embargo, cuando hacemos lo contrario; es decir, comparamos nuestra casa con una otra más chica, o nuestra vida con quienes tienen menos fortuna, creemos que eso no está bien, que hacerlo es tener una actitud negadora o conformista. Muchas investigaciones han demostrado que compararse con estándares bajos aumenta nuestro bienestar subjetivo mientras que si lo hacemos con estándares altos tiene un impacto negativo en nuestro bienestar.

¿Es una solución entonces adoptar la actitud de usar estándares bajos para juzgar nuestras cosas, nuestra vida y a las personas? No lo es si se hace para negar una realidad que no nos gusta. Solo funciona para aquellos que sinceramente creen y sienten que son afortunados.

El problema de compararnos con estándares altos es que nos hacen sentir pequeños, lo que afecta a nuestra autoestima y autoeficacia. Además, suelen despertarnos sentimientos de resignación o resentimiento. Sin embargo, hay personas que al compararse con otros que están por arriba de sus capacidades o posesiones, no ven afectada su autoestima. Todo lo contrario, se sienten motivados a avanzar y esforzarse por conseguirlo ellos también. ¿En dónde radica la diferencia? No se castigan a sí mismos por su posición inferior, sino que utilizan esa comparación para inspirarse, para alimentar su motivación y alcanzar sus logros. Creen que si se lo proponen y trabajan con ahínco también ellos podrán lograrlo.

Lo más recomendable cuando nos comparamos hacia arriba es usar esta comparación como un motor que nos mueva y nos inspire a evolucionar en nuestra propia vida.

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Más información sobre la autora en http://www.lauraisanta.com

 

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