proceres

San Martín, Belgrano, Güemes, Azurduy, Pedraza, Del Valle, Próceres y líderes de la Historia Argentina. Ejemplares hombres y mujeres de nuestra historia participaron en batallas – que ganaron o perdieron -, formaron equipos, los motivaron, tomaron decisiones, ejecutaron planes, y sobre todo, supieron concebir objetivos con una visión más allá de sus épocas.

Patriotas que, con virtudes que habitualmente se denominan de liderazgo, condujeron hacia la conformación de una nación independiente y soberana frente a los desafíos permanentes que la invasión o el colonialismo implicaba.

Se los llama “Padres de la Patria” a hombres como José de San Martín, Manuel Belgrano, Miguel de Güemes, entre otros. Con menos título simplemente por su género, pero no por eso con menos coraje, estuvieron las mujeres que más de dos siglos atrás supieron convertirse en hábiles y decididas constructoras de la patria. Ellas también forjaron, lucharon y colaboraron en la gesta. Manuela Pedraza, Martina Céspedes, Juana Azurduy, Mariquita Sánchez de Thompson, María Remedios del Valle, entre tantas otras que, con valor, astucia y empeño, lograron ser inspiradoras y guerreras de los objetivos supremos de libertad e independencia para la patria.

¿Qué es ser líder, ayer y hoy?

El liderazgo no es una cuestión de género, ni de época. Nuestros y nuestras patriotas nos dan las claves para ensayar en nuestras propias interacciones esas virtudes que pueden ubicarnos como líderes de equipos u organizaciones.

¿Cómo hacerlo si nuestras gestas son, en general, mucho más modestas? ¿Cómo saber si estamos en el camino correcto? ¿Para qué sirve hoy ser líder? ¿Cuánto es el costo que estamos dispuestos a dar? Respuestas que no necesitamos encontrar, pero sí nos permiten reflexionar sobre el escenario en el que nos toca desarrollarnos, tanto en nuestra vida personal como profesional. Liderar nuestra propia historia suele ser uno de los objetivos más desafiantes que debemos encarar.

Distintos autores han abordado la noción de liderazgo. Entre ellos, Stephen Covey y Warren Bennis elaboran un concepto que hace foco en el “carisma”. 

Afirma Stephen Covey: “Los líderes no nacen ni se hacen, sino que se hacen a sí mismos: el liderazgo es la consecuencia de las elecciones”.

Una breve enumeración de características que brindan estos autores señala que el líder:

– persigue un propósito claro;

– sabe comunicarlo en forma clara a los demás logrando que los seguidores se identifiquen y comprometan con él;

– es consistente, persistente y coherente con ese sueño.

– es consciente de sus fortalezas, está conformes con ellas y sabe aprovecharlas.

Si pensamos en nuestros próceres, el General José de San Martín, se adecua fehacientemente a esta noción. San Martín volvió desde España a su tierra natal con ideas libertarias, se sobrepuso a dolencias físicas, y persistió en su plan independentista. El Cruce de los Andes fue su gesta más grandilocuente, pero San Martín tuvo un paso firme en el camino libertario de la región y supo cuidar que su nombre no sea utilizado por alguna facción. Su palabra era respetada y motivaba las decisiones que otros dirigentes tenían que asumir.

Otro de los líderes carismáticos entre los próceres argentinos es el salteño Martín Miguel de Güemes que, como San Martín y Belgrano, poseía una visión clara respecto a lo que pretendía para la patria. Según historiadores contemporáneos, Güemes tenía un carisma especial para tratar a la gente sencilla. Organizó en su región las famosas “guerras de guerrillas o ataques a la brusca” como las llamaba San Martín.

Otros autores, como por ejemplo George Terry, consideran el liderazgo como la “actividad de influenciar a la gente para que se empeñe voluntariamente en el logro de los objetivos del grupo”. De esta definición se pueden observar dos campos fundamentales del Liderazgo:

– El proceso intelectual de concebir los objetivos de la organización.
– El factor humano, esto es: motivar a la gente para que voluntariamente se empeñe en el logro de los objetivos.

Ceñidos a estas observaciones, destacamos el liderazgo de Manuel Belgrano. La relectura de la historia argentina le ha otorgado a Belgrano el rol del verdadero “padre de la Revolución”. En los últimos años del siglo XVIII, Belgrano iniciaba una “revolución cultural” y sostenía que “no hay objeto más digno de la atención del hombre que la felicidad de sus semejantes” (1794). Ya en plena gesta, con determinación y frente a sus tropas dio a conocer la bandera de su creación.

Asimismo, Belgrano, como comandante del Ejército del Norte, ascendió al grado de capitana a una aguerrida combatiente, la afrodescendiente y porteña María Remedios del Valle, conocida por ello como «La Capitana». También era una de las «niñas de Ayohuma», por ser parte del grupo que auxilió a Belgrano en esa batalla. En las invasiones inglesas “la capitana” auxilió a los defensores de la ciudad y desde 1810 se sumó a los ejércitos patrios.

Tomás de Anchorena, uno de los firmantes del Acta de Declaración de la Independencia, expresó los valores de María Remedios al encontrarla en su vejez mendigando en las calles: “Efectivamente, esta es una mujer singular. Yo me hallaba de Secretario del General Belgrano cuando esta mujer estaba en el Ejército, y no había acción, en que ella pudiera tomar parte, que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente: admiraba al general, a los Oficiales y a todos cuantos acompañaban al Ejército; y en medio de este valor tenía una virtud a prueba (…)”.

Y en este punto, se pueden agregar otros componentes a evaluar para que alguien sea visto como líder, estos son: por las acciones que realiza; o bien, por los resultados obtenidos.

Y aquí sumamos a otra de nuestras patriotas, Manuela Pedraza «la Tucumanesa» por ser oriunda de esa provincia. Ella se destacó en la Reconquista de Buenos Aires, enfrentándose a los ingleses junto a su marido que cae abatido por el fuego de los invasores. La historia relata que la mujer persigue al pelotón enemigo inglés y se enfrenta a otro soldado al cual vence de un bayonetazo. Luego le arranca el fusil, que presenta después, entre lágrimas de duelo, como trofeo a Santiago de Liniers, el reconquistador.

Nuestros y nuestras patriotas nos dan las claves para ensayar en nuestras propias interacciones esas virtudes que pueden ubicarnos como líderes de equipos u organizaciones.

Un líder emocional: una nueva mirada sobre liderazgo

Avanzamos en la mirada de nuestros líderes, de nuestros próceres y de las nociones de liderazgo vigentes. Merced a las transformaciones culturales, vinculares y ambientales, encontramos un nuevo enfoque de liderazgo.

Y de alguna manera, nos permite entender cómo los líderes de nuestra historia han podido con-mover a sus compatriotas para concretar las gestas libertarias e independentistas, más allá de sacrificios, pérdidas y obstáculos enfrentados.

Según el filósofo y biólogo chileno Humberto Maturana, “el liderazgo vive en el lenguajear (es su término) y el emocionar de otros”. Ya no reside en el título de líder o en las ideas de una visión, el liderazgo efectivo es en función del juicio de otros. Los líderes efectivos son líderes emocionales, que reconocen y manejan sus propios estados de ánimo, así como los estados de ánimo de los demás.  Reconocen que el liderazgo tiene que ver con generar esas emociones que inspiran a la gente para que quieran coordinar acciones unos con otros.

En este sentido, releer la historia de Juana Azurduy de Padilla que organizó cuadros de indígenas guerreros para la lucha por la independencia y luego, su entrega absoluta a la patria, sin reconocimiento alguno por parte de autoridades vigentes tras el tiempo de las batallas, pero que logró inspirar por siglos a ejércitos y conciudadanos, nos puede dar dimensión de este concepto del liderazgo efectivo.

Los líderes efectivos son líderes emocionales, que reconocen y manejan sus propios estados de ánimo, así como los estados de ánimo de los demás. 

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