emociones

Hablemos de Emociones. Por ejemplo, si te pregunto ahora mismo en que emoción estás, ¿Qué me contestarías? ¿En qué aspectos te detendrías para responder esta pregunta?

Entender nuestras emociones, conocerlas e identificarlas, resultan pasos primordiales y necesarios para una gestión emocional efectiva. Y esta, a su vez, es aquella que me permitirá alinearme al propósito de mi vida con mayor coherencia e integridad. Hoy vamos a hablar de las emociones desde las neurociencias y cómo éstas impactan en nuestro resultado.

¿De qué estamos hablando cuando hablamos de emociones?

Primero y principal necesitamos resaltar a qué nos referimos cuando hablamos de emoción. Comencemos entonces por definirla: una emoción es una reacción psicofisiológica que representa modos de adaptación a los estímulos.

Es decir, que en mi relación con el mundo, mi cerebro va generando ciertas sustancias en relación a lo que percibe, y a partir de allí reaccionará de manera distinta. Por lo tanto, podemos decir que, en principio, las emociones nos permiten reaccionar. Y, ¿Qué más importante para mi cerebro que reaccionar? Creo que muy pocas cosas, dado que, como lo hemos nombrado en varias oportunidades, lo que prioriza mi cerebro es la supervivencia.

Norberto Levy, escritor, dice que las emociones funcionan como el tablero de un auto, en el cual las distintas luces que se van encendiendo dan cuenta de lo que está necesitando el auto o bien en qué estado está. De la misma manera, las emociones vienen a darnos información de cómo estamos frente a una situación y por consiguiente,  qué necesitamos para nuestro equilibrio.

El tema aquí es que resulta casi obvio ir a cargar nafta cuando nuestro auto nos marca la luz en rojo pero no solemos darle la misma importancia cuando nuestro “tablero emocional” nos marca alguna luz de emergencia. Quizá muchos de ustedes están pensado “claro, pero detectar qué me pasa es mucho más complejo que ver las luces del tablero de un auto”; ahí se encuentra nuestro desafío.

Identificando las emociones

Las emociones no son ni buenas ni malas, son simplemente reacciones que cumplen con una función, vienen para mostrarnos algo.

 Lo que sí podemos decir es que algunas resultan satisfactorias y otras no. Aquellas que nos brindan satisfacción, nos conectan con el placer. Entonces mi cerebro se relaja y disfruta de ese momento.  A las sensaciones placenteras, mi cerebro las vive con la idea de ausencia de peligro: “no hay nada que temer ahora, podemos bajar la guardia y disfrutar”.

Esta sensación placentera ocurre cuando en nuestro cerebro se activa el circuito de recompensa, y éste es el que hace que quiera repetir una y otra vez aquello que disfruté, me gustó y  me divirtió.

Hay otras emociones, en cambio, que nos hacen sentir insatisfacción,  y es ahí cuando mi cerebro entra en alarma. No hay nada más tremendo para mi cerebro que sentir displacer. Es entonces cuando mi cerebro intenta todo lo posible por actuar en pos de restaurar el equilibrio. En esta situación, la parte del cerebro que se activa es el llamado “Circuito del Estrés”, y nos suele consumir mucha energía.

Ahora bien, ningún circuito es mejor ni peor, cada uno cuenta con sus ventajas y desventajas. El circuito de recompensa, nos permite disfrutar de la vida, de los placeres, del aquí y ahora. Ahora bien, puede ser muy peligroso cuando lo que te hace sentir placer no va de la mano de lo que te hace bien.  ¿Alguna vez te pasó? Porque nuestro cerebro no distingue sano-insano; como dijimos, nuestro cerebro distingue placer- displacer.

El circuito del estrés puede resultar muy útil ante una situación de peligro, ya que pone todos nuestros recursos en marcha como la respiración, el pulso, nuestra tonicidad muscular, la atención y concentración; en pos de accionar de manera veloz. Ahora bien, imagínense si ese nivel de energía se encuentra activado todo el tiempo, ¿Qué pasaría con nosotros? Esas son las causas, por ejemplo,  de lo que se denomina en medicina  estrés crónico.

Indagando mi propio Tablero Emocional

Ahora que vimos brevemente qué implica una emoción y el para qué de las mismas, te invito a que reflexionemos juntos: ¿Qué circuito se te suele activar más? ¿Sos de las personas  que activan rápidamente el circuito de recompensa en pos de sentir placer, pero muchas veces quedás atrapado en situaciones que no te hacen bien pero simplemente “no las podes” dejar?

¿O sos de los que frente a casi la mayoría de las situaciones prende la alarma del peligro, entonces te es muy difícil relajarte y disfrutar de la vida, porque vivís en estado de emergencia?

Sea una u otra opción la que hayas elegido lo importante es ver qué si te pasa algo de ello quizá un aspecto a entrenar sea tu flexibilidad. Para poder utilizar cada sistema emocional de acuerdo a lo funcional que es para la situación y no porque es lo que más fácil e instintivamente te sale.

Todos tenemos una tendencia a sentir más algunas emociones que otras. Y hay algunas en particular que nos molestan, no podemos quitárnoslas de encima y sentimos que se apoderan de nosotros. Quizá es ahí donde nos tenemos que preguntar ¿Qué me quiere mostrar esta emoción que todavía no veo? Porque, como dice la frase “La vida es tan buena maestra que,  si no aprendiste la lección, te la repite”

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Sol Rivera
La Lic. Sol Rivera, es Psicóloga y Coach Ontológico, especialista en Neurociencias (Universidad Favaloro) y Programación Neurolinguística y Diplomada en Psicología Sistémica. Es docente titular en la Universidad Nacional de la Matanza, La Univ. Arg John F. Kennedy y en la Carrera de Coaching en ICP. Así mismo, es profesora invitada en la USAL. Capacitadora en Coaching, Liderazgo y trabajo en equipo para Empresas Nacionales y Multinacionales. Responsable de Análisis psicotécnicos en el contexto laboral y de Procesos individuales Terapéuticos y de Coaching. Es integrante del equipo IR, Consultora especializada en Liderazgo, Desarrollo Personal y Empresarial.

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