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Leo Piccioli. Autor de la nota.

Nota de Leo Piccioli. Disrupting Management 🙂 LinkedIn Top Voice 2018

 

¿Los coaches son una moda pasajera? Con esa pregunta nació este artículo, con experiencias y opiniones 100% para discutir. Espero nadie se sienta ofendido – pero si lo hacen, les recomiendo ver a un «couch».

 

Cuando Mariano, de Ventas, me dijo que trabajara con un coach, a poco de asumir el puesto de gerente general, me mordí la lengua para no echarlo en el momento. ¿Cómo me iba a decir que yo, su jefe, necesitaba ayuda? Tal vez, al recordar que era amigo de antes, me tranquilicé.

 

La misma opinión puede valer distinto dependiendo de quien la emita.

 

En ese momento de serenidad, quizás solo cinco segundos después de que hablara, yo ya estaba preocupado: ¿Cómo podría liderar si mi primera reacción frente a algo que no me gusta es matar el mensajero? Me entusiasmé con pensar mi futuro si solo me decían cosas que me gustaban: sentiría todo perfecto, la gente me felicitaría, me sonreirían al pasar. Si yo tenía una idea, sería genial; si esbozaba que algo no me convencía, automáticamente todos lo denostarían.

 

BUSCÁ LOS «NO» CUANDO LOS «SI» VENGAN SOLOS.

 

Sería el mundo perfecto. Excepto por dos detalles: por un lado, cada vez que mentí diciendo lo que el otro quería escuchar, me sentí mal. Es posible, entonces, que la gente que trabaje conmigo y mienta por miedo también sufra. Pero, por otro lado, en mi cabeza de Excel, el problema principal era diferente: imaginaba una empresa que, de tanto evitar tocar los temas negativos, comienza a descascararse. Los clientes empezarían a ver cómo cometíamos, una y otra vez, los mismos errores. Al principio, nos tendrían paciencia: “Son jóvenes y nuevos en esto, hacen muchas cosas bien; tienen que aprender otras”, pensarían. Pero esa paciencia no sería eterna y comenzaríamos a perder clientes, tal vez hasta un punto en el que, por tener pocos, ya cometeríamos menos errores o, tal vez, hasta fundirnos.

 

La falta de honestidad dentro de una empresa puede destruirla

 

Entre aquella sensación de enojo y la total falta de empatía en este razonamiento demasiado lógico me convencí de que Mariano tenía razón.

 

Mi primer coach

Con Fernando, mi primer coach, aprendí que todo lo que un líder hace, comunica; y trabajé mucho en mis conductas observables, esas cosas que hacemos que son mucho más potentes que las que decimos. En esas interacciones comencé a entender también, la frase “Tus acciones hablan tan fuerte que no puedo escuchar tus palabras”. Pero lo más relevante vino casi al final, después de dos años de charlas periódicas: ese día le describí cómo había conversado con mi equipo sobre las decisiones de la corporación, que nosotros no seguiríamos. Para mí era obvio: estaban haciendo algo en los Estados Unidos, donde estaba la casa central, que no se aplicaba a otros países.

 

Globalizar una empresa requiere humildad para aceptar lo diferente y decisión para no negociar lo no negociable

 

Mientras charlábamos en la reunión, me iba preocupando por la cara de preocupación de ellos. “Te van a echar”, parecían decir.

 

-No se preocupen, estamos haciendo las cosas bien y dando buenos resultados. Esta decisión que tomaron entra en conflicto con la Visión que ellos mismos definieron y yo quiero cumplir con lo importante. No obedecer esta orden no va a tener ninguna consecuencia, es lo correcto.

 

¿Realmente creemos que, cuando alguien está preocupado, decirle “no te preocupes” mejora algo?

Ese día con Fernando entendí algo terrible, que me sacudió.

 

-Imaginate, Leo, que una decisión tuya sea tratada por alguien de tu equipo igual que como lo estás haciendo vos, que digan: “Lo que Leo dice no importa, hagamos esto otro que va alineado con lo que dijo hace un mes, mucho más importante”.

 

Sin darnos cuenta hacemos lo que no nos gustaría que nos hicieran; y, al hacerlo, lo generamos

Me enojé muchísimo con Fernando, sentí cómo se me iba la sangre a la cabeza y me incitaba a refutar lo que había dicho. No recuerdo muy bien el resto de la charla, pero la sesión terminó conmigo pensando en que, tal vez, había sido la última. Ni siquiera llegué a entender que, además, yo lideraba un subsistema y que, por optimizarlo, podría dañar el sistema, que era la corporación.

 

Interfaz brasileña

 

Finalmente, no fue la última sesión. Continué trabajando con Fernando, valorándolo aún más porque me había dicho lo que yo no quería escuchar, lo que mi equipo no se animaba a decir y lo que tenía que mejorar.

 

Un coach puede ayudarnos a entender mejor cómo lo que hacemos nos ayuda, o no, a ser felices

En esas épocas descubrí el poder que tenían mis acciones y entendí que, si algo que yo hacía producía un efecto tal que me impactaba negativamente, podía hacer otra cosa y lograr, entonces, un impacto positivo en mí. La raíz del concepto de víctima – protagonista.

 

En 2003 había fracasado en un proyecto puntual en Brasil. Lo primero que decidí diez años después, cuando me hice cargo de la empresa en ese país, fue contratar a un coach que me ayudara con “la interfaz argentino-brasileña”. Ya el solo uso de esa palabra me recuerda todo lo que avancé con mi “interfaz humana” en este proceso. Y es esa interfaz, justamente, uno de los serios problemas que tienen las empresas creadas en el siglo XX. ¿Un empleado tiene mala relación con su jefe? Al coach. ¿Discute mucho con sus compañeros? Al coach. ¿Un jefe tiene mala relación con más de un empleado? Al coach. ¿Discriminación? Coach. ¿Conductas abusivas? Who you gonna call? Mezcla de intento de ayuda y de lavarse las manos.

 

La responsabilidad de liderar es del líder, y es indelegable

 

 

No seas tu mejor versión

 

“No sueltes”, “No salgas de la zona de confort”, “Pensá lo negativo”, “¡El vaso está medio vacío!”, “No dejes de pensar”, “No podés hacerlo”, “No pierdas el miedo”. Cada vez que abro Instagram, me cruzo con un nuevo coach  ofreciendo sus servicios con mensajes súper positivos. Y, automáticamente, no le creo y me dan ganas de compartirle lo que escribí sobre los gurúes (o lo que dibujé), pero es inútil: son demasiados, se esparcen como un virus -de hecho, me recuerda que un día voy a escribir sobre los virus.

 

Cuando detectás una tendencia de cambio, es importante investigar su origen

¿Por qué, desde hace unos años, el coaching, en sus distintas corrientes, se puso de moda, sea para la vida, para los negocios o para lo que a cada uno le haga falta? ¿Tendrá algo que ver con que hace unas décadas haya pasado algo similar con la psicología? ¿Estaré sesgado porque vivo en Buenos Aires, la ciudad con mayor cantidad de psicólogos por cada 1000 habitantes y, seguramente, alta en el ránking de coaches?

 

Son preguntas difíciles de responder, más teniendo en cuenta que mi pareja, a la que admiro, es coach. Pero ver el impacto positivo que ella tiene sobre las personas me recuerda a mis interacciones con mis coaches y, también, las cientos de veces que, sin ser yo coach, pude ofrecer un punto de vista diferente que abrió una puerta para alguien. También encontré un patrón: ese punto de vista diferente, esos aportes, son casi siempre enfocados en nuestra humanidad, en la empatía, en indagar qué queremos y por qué. Parecería que lo que nos falta a todos es, un poco, desarrollar esa interfaz humana.

 

Necesitamos mejorar nuestra interfaz humana

Una hipótesis

 

Hasta que nos demos cuenta de que en realidad los gatos son seres tan superiores que no quieren que nos demos cuenta, los humanos somos especiales, distintos. Todas las especies del planeta viven, de alguna manera, como “vehículos del ADN”: tienen como objetivo sobrevivir y reproducirse, nada más. Ninguna se plantea cómo ser feliz.

 

Durante 100.000 años, los humanos tampoco. Dedicábamos toda nuestra energía a lo que podíamos: sobrevivir. Pero éramos demasiado inteligentes y comenzamos a inventar formas de que eso sea más simple y a contarle a nuestros hijos cómo hacerlo para que su camino fuera todavía más simple. Durante muchas generaciones fuimos siendo, cada vez, más eficientes: lográbamos más en menos tiempo y eso liberaba unos minutos al día. Con la revolución industrial se comenzó a acelerar el proceso. Pero todavía la producción necesitaba de “elementos” que realizaran las tareas repetitivas.

 

En las últimas décadas, las tareas que hacían estos “elementos”, que éramos los humanos, comenzaron a automatizarse: ya no somos más necesarios, podemos devolverle a las máquinas lo que era de ellas. Y en lugar de tener “unos minutos más al día”, pasamos a tener, en promedio, mucho más tiempo. Lo que sociedades antiguas lograban teniendo a otros humanos como esclavos, nosotros estamos haciéndolo con tecnología.

 

Todos somos Sócrates, Platón y Aristóteles

Pero el ser humano viene preparado para sobrevivir y reproducirse – solo eso traemos de fábrica. El resto, lo adquirimos, lo aprendemos de nuestra familia, escuela, sociedad, televisión o LinkedIn. Y todo eso está preparado para una sociedad que ya no existe, una que necesita “elementos” que hagan tareas repetitivas. Nos formamos para ser máquinas, pero ya no somos necesarios.

 

Las máquinas desnudan que todavía no estamos listos para ser humanos

Antes asociábamos nuestra felicidad con nuestra jubilación. Pero ahora, como sabemos que podemos ser felices antes, hacemos intentos para lograrlo: nos compramos la Harley a los 40, nos vamos al sudeste asiático a los 20, hacemos cada vez más cosas que, décadas atrás, eran locuras. El problema es que no sabemos cómo ser felices, y no porque seamos burros, sino porque nunca antes pudimos serlo, no tenemos los siglos de desarrollo de las habilidades que sí tenemos en las ciencias.

 

Manual para ser feliz es un oxímoron

Necesitamos ayuda para ser felices. Yo descubrí que muchas veces alguien externo puede ser esa ayuda. Ésa es mi hipótesis de la moda del coaching: es un emergente de la posibilidad que tenemos, cada vez más presente, de ser felices. No soy psicólogo ni mucho menos, y lo que escribo a partir de ahora es -y debe ser- criticable. Sigmund Freud nació en 1856. ¿Será que la psicología, esa ciencia o arte tan nueva todavía en desarrollo, no es suficiente para lo que necesitamos hoy? ¿Qué es mejor para ser feliz: resolver un problema de raíz en cinco años o cambiar sus efectos concretos hoy? ¿O será que deberíamos tratar nuestra ansiedad por tener resultados inmediatos con un psicólogo en lugar de dejar que nos lleve al coach para obtener resultados ya mismo?

 

El psicólogo es a la TV de 1980 como el coach a Netflix

¿Son los coaches los nuevos parripollos?

 

En la década del 90 en Buenos Aires, un negocio atraía muchísimos inversores. Si tenías un espacio a la calle, con una parrilla, un cartel, unos pollos, sal, limón y carbón, te lanzabas a emprender en tu “parripollo”. Un año después no quedaba ninguno y hoy nadie se pregunta dónde están. Tal vez, se dedicaron a hacer groupones o cualquier otra moda. Quizás, hoy son coaches.

 

Pero creo que el coaching vino para quedarse. Llevándolo al extremo, yo asumiría que el 80% de los humanos no sabe cómo ser feliz. Si tenemos en cuenta que hay quienes no aceptarán que con ayuda de otros lograrían ser más felices y quienes no dejarían otros gastos para hacerlo, la masa crítica de “elementos” que necesitan humanizarse sigue siendo enorme. La cantidad de coaches que necesitamos también lo es. El problema es cómo encontrar al que nos pueda ayudar, y eso no lo sé. Los que se han certificado nos dirán: “Debes elegir un coach certificado”. A lo que siempre respondo que los sindicatos van a desaparecer.

 

Sin embargo, con el tiempo desarrollaremos nuestra capacidad de ser felices, de reenfocar nuestra energía ya no hacia poder consumir, sino hacia lo que es realmente importante para nosotros. Entonces, ya no necesitaremos tantos coaches.

 

Oportunidad de negocios: ayudar a ser feliz a escala

El paciente lector se preguntará el por qué del título: muchos coaches o gente que desea serlo escriben “couch”, que es donde los Simpsons se sientan en la apertura del programa. Tal vez me creyeron cuando dije que eran la fuente de toda sabiduría.

 

Antes de especializarte en algo, aprendé a escribirlo.

¿Querés ser coach para ayudar a otros? Empezá a ayudarlos ya. Entregá valor gratis a la mayor cantidad de gente posible. El mercado es enorme y creciente. Formate. Empezá a cobrar, lo más caro que puedas. Seguí aprendiendo. Compartí todo lo que puedas. Ahorrá para dentro de dos generaciones, cuando ya no se necesiten tantos coaches, para ser feliz habiendo ayudado a miles de personas.

 

Para mí es importante dejar en claro que no soy coach: ni estoy formado ni tengo la paciencia para acompañar procesos largos. En otras palabras, puedo ayudar a pensar algunos desafíos, como hace poco me dijo alguien a quien ayudé:

 

-Creo que tu principal valor es que sos lo suficientemente «políticamente incorrecto» y disruptivo para decir las verdades incómodas. Tenés una mirada que penetra más allá de lo usual, que molesta -más digna de un artista que de un ejecutivo- y que dice «verdades». No tenés «frases de relleno».

 

#Para enterarte si vuelvo a publicar algo (y no depender de algoritmos) podés anotarte para recibir un mail. Si querés mi libro, buscalo en http://www.soysolo.com.ar

 

Desde ya te agradezco que compartas por cualquier red o medio. Incluso impreso 🙂

 

También podes leer la nota en el perfil de Linkedin de Leo Piccioli

 

Nota de la redacción: El recurso utilizado en el título de esta nota es un claro ejemplo de Escritura Persuasiva. 

 

 

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