¿Qué hace la imagen de Pablo Emilio Escobar Gaviria, el capo narco más temido de la historia de Colombia, en el póster de un local de Barcelona con la leyenda «plata o plomo»?
Han pasado más de treinta años desde la muerte de Pablo Escobar y su figura sigue vigente en los rincones más recónditos del planeta: convertida en meme, instalada en la cultura popular y reproducida en todo tipo de merchandising.
Las series de televisión contribuyeron a esta mitificación al romantizar el narcotráfico y lograr que miles de jóvenes idolatren al criminal en lugar de condenar sus actos más aberrantes.
No todo ocurrió como lo mostraron las series. Eso lo saben mejor que nadie la viuda y el hijo de Escobar. Las ficciones respondieron al morbo de sus audiencias y mostraron lo que el público quería ver: fiestas, dinero, drogas, sexo y poder.
Juan Pablo Escobar Henao tenía dieciséis años cuando mataron a su padre. Su primera reacción fue jurar venganza, pues ese era el único lenguaje que había aprendido en su entorno. Los carteles de la droga le habían puesto precio a su cabeza y sobrevivió a más de un atentado. Pudo haber continuado el negocio y las locuras de su padre, pero eligió otro camino: el de la paz. Un proceso que involucró al gobierno colombiano, a todos los capos enemigos de Escobar e incluso a su propia familia paterna, que también se quedó con una parte del botín. Como último requisito de ese acuerdo, la viuda y los hijos del abatido líder del Cartel de Medellín debieron partir al exilio.
Contar la historia desde otro lugar
El gobierno de Colombia les entregó pasaportes con nuevas identidades y, tras un largo periplo en busca de refugio, llegaron a Buenos Aires, donde comenzaron de cero. Hoy, el hijo es conocido como Sebastián Marroquín: escritor y conferencista internacional declarado Embajador de la Paz por el mensaje que transmite en sus libros, conferencias y entrevistas. En el documental Los pecados de mi padre quedó registrado el momento en que contactó a los hijos de las víctimas de Pablo Escobar para pedirles perdón —y cómo estos aceptaron reunirse para ofrecer a Colombia y al mundo un mensaje de esperanza.
Sin conformarse con eso, Marroquín animó a su madre a seguir sus pasos. María Isabel Santos, bautizada como Victoria Eugenia Henao, también pidió perdón: por el pecado de haberse enamorado en la adolescencia de un psicópata, de haberse casado con él y de haber formado una familia con aquel amigo de su hermano. Contó su historia por primera vez en Mi vida y mi cárcel con Pablo Escobar, publicado por Planeta y traducido a más de veinte idiomas. Allí descubrió que su voz tenía alcance y encontró en la escritura la herramienta que la ayuda a sanar y a resignificar su vida.
Escribió el prólogo de Travesía 2: Historias de mujeres resilientes, editado por Presscoaching, donde revela aspectos de su historia que resuenan con los relatos de las demás autoras. También participó en Travesía 9: Lo que dimos por cierto, del mismo sello, con experiencias vinculadas a sus creencias. Ambos libros fueron presentados en el marco de los cincuenta años de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires; como se encontraba fuera del país, Santos se hizo presente a través de un video en el que compartió su experiencia como autora.
En paralelo, Sebastián Marroquín protagonizó la primera serie que decide correr a Pablo Escobar del primer plano para contar otra parte de la historia. Dear Killer Nannies: Criado por sicarios es una producción de Disney inspirada en la niñez y la adolescencia de Juan Pablo Escobar que se aparta de todas las ficciones anteriores al proponer un mensaje diferente. Según su protagonista, quienes vean la serie difícilmente sientan el mismo romanticismo por el mundo del narcotráfico.
Leer y escuchar a la viuda y al hijo de Pablo Escobar ofrece un contexto más amplio —y más honesto— para comprender ese universo que todavía despierta infinidad de fantasías.





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