Una mujer empoderada es la que se reconoce como una persona valiosa. Sabe en qué es buena y qué le aporta de sí misma al mundo. Porque el mar no sería el mismo si le faltara una gota. Es protagonista de su vida. Sabe que siempre está eligiendo, aun cuando cree que no lo hace, ya que le está dando su poder a otros para que lo hagan por ella. Y sobre todo, tiene un propósito de vida, se propone metas y toma acción para alcanzarlas aprendiendo en el camino, disfrutando el presente y despreocupándose del resultado. Una mujer empoderada tiene una cuota de amor propio y de confianza que le permiten sentirse única. Porque de allí nace el empoderamiento, como un estado interno que se manifiesta externamente.

Siempre recuerden añadirle a cada párrafo que leen, al principio o al final “Desde mi punto de vista”, ya que mi único objetivo es compartirles una perspectiva, la cual puede o no aportarles algo interesante.

El habla responsable de una mujer empoderada.

El habla es nuestro dominio lingüístico y está compuesto de lo que decimos y de lo que nos decimos a nosotras mismas a través de nuestras conversaciones internas.

Una mujer empoderada sabe que cuando habla se atribuye o se despoja de su poder. Sabe cuándo se pone en rol de víctima y cuándo en el rol de responsable. En el primero ella se dice: “pobrecita de mí”, “mirá lo que me pasó”, “mirá lo que me hicieron”. Y como la culpa de lo que le pasa la tienen los demás o alguna circunstancia que ella no puede controlar, no es parte del problema y por ende no depende de ella la solución.

Cuando la mujer empoderada cae en la victimización, elige cuánto tiempo permanecer en ella. Y cuando está lista, comienza a decirse: Ok! Esto es lo que pasó y no puedo cambiarlo. Pero yo decido qué hacer y cómo sentirme ante esta situación ¡Esa es mi libertad! Entonces, cada vez que sucede algo inesperado o que ella no desea, lo acepta y se pregunta: “¿Qué me enseña lo que pasó?”. Y sigue adelante.

Para clarificar estos conceptos les daré los siguientes ejemplos prácticos:

«La cuarentena me está haciendo engordar»

Este es un típico ejemplo de rol víctima de nuestros días, en el que lo único que hago es buscar un culpable (en este caso la cuarentena) de algo que me está afectando. Observen cómo esta expresión tan liberadora es un arma de doble filo. ¿Acaso la cuarentena se materializó, me miró a los ojos fijamente y a punta de pistola me obligó a comer pan con manteca y dulce de leche? ¿O a convertirme en Maru Botana y pasármela haciendo tortas? ¿Quién está engordando?

La mujer empoderada dice: “En esta cuarentena estoy comiendo de más y por eso estoy engordando”. Se hace cargo de su actitud. Porque sabe que su propio cuerpo le pide cuidado y alimento nutritivo. Y que de ella depende comer conscientemente y cocinarse sano. O permitirse lo contrario. Es responsable de su cuerpo.

«Mi marido me engaña» o «Los hombres me dejan».

Acá el rol de víctima es muy tentador, porque hasta podés identificar quién es el “malo” y quién es la “buena” de la película que estás mirando. Incluso es fácil encontrar amigas simpáticas que te comprendan y se indignen con vos de lo que te hizo ese ser despreciable.

Pues bien, odiame si querés. Yo no seré tu amiga. No te escribiré lo que querés que te escriba para caerte bien. Seré empática, es decir me pondré en tu lugar, porque ya estuve ahí. Así que a vos, que te identificaste con esta expresión, te propongo hacer un ejercicio. Dale, hagámoslo. ¿O tenés algo mejor que hacer? Ahí va:

Parate frente al espejo y mirarte a los ojos. Ahora cerralos. Inhalá profundamente y expirá tres veces seguidas. Hacé de cuenta que sos vos pero en el futuro. Y que te hablás como una mujer empoderada que se ama a sí misma. Ahora decite lo siguiente:

BASTA (completá tu nombre) ¡VOLÁ DE AHÍ! Con voz cariñosa pero firme. Y pregúntate:

¿Cuánto tiempo te pensás quedar juntando resentimiento en el papel de víctima?

¿En qué estás contribuyendo al problema?

¿Querés ser feliz o querés tener la razón?

¿Qué tipo de relación creés que te merecés?

¿Qué tipo de relación estás teniendo?

¿De qué tenés miedo?

Dejá aflorar tus pensamientos, no te los reprimas. Y andá respondiendo cada pregunta. Llorá si querés. Y si lo hacés, luego secate las lágrimas, abrázate y date una caricia. Por último,  declarate a vos misma:

………. (completá con tu nombre) ¡Te amo!

Creeme que VOS sos tu propio refugio y tu mejor compañía. Cuando un hombre no te valora y te hace sentir insegura, tonta, triste, frustrada, angustiada o sola, son dos los que no te valoran. ¡Y una sos vos! ¿Cómo podés pedirle a otro, algo que vos misma no te estás dando?

¿No sabés qué hacer para salir de esa situación?  Empezá tomando la postura responsable de una mujer empoderada. Dejá de decir que tu marido te engaña o que los hombres te dejan. ¿Qué se diría una mujer empoderada?

«Estoy teniendo una relación tóxica» o «Estoy repitiendo historias».

Decilo en voz alta. Escuchate. Sentí cómo tomás coraje solo con hablar en primera persona. Sos vos la que está decidiendo quedarte en ese lugar, nadie lo está decidiendo por vos, a menos que estés amenazada. Repetilo las veces que sean necesarias hasta que estés lista para pedir ayuda. Jamás dudes en hacerlo, una mujer empoderada siempre está dispuesta a guiar y contener a otra mujer que lo necesita.

Y recordá siempre: El otro no te hace daño, solo sostiene el espejo para mostrarte lo qué tenés que sanar.

La mujer empoderada sabe que lo que le hacen es lo que ella se deja hacer o es capaz de soportar o tolerar.

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Lo que nos decimos para desempoderarnos.

Estas son algunas de las frases que nos repetimos, a veces sin siquiera ser conscientes: “No puedo”, “No sirvo para esto”, “Soy una estúpida”, “No me quieren”, “No me tienen en cuenta”, “Nunca hago nada bien”, “Siempre me pasa lo mismo”.

Lo que practicamos decirnos todos los días, es lo que nos creemos. Lo que nos creemos es lo que construye nuestro estado interno (cómo nos sentimos) y se manifiesta en la realidad externa. Lo que opinamos sobre nosotras es lo que proyectamos al mundo y por lo tanto es lo que obtenemos de él.

Una mujer empoderada cuestiona cada cosa que se dice. Básicamente se pregunta de qué le sirve lo que se está diciendo. Sabe que la respuesta nunca es “para nada”, porque cada cosa que se dice, mínimamente le sirve para permanecer en la misma situación en la que está.

Por eso, la mujer empoderada trabaja su interior. Se brinda tiempo diariamente para comprenderse, estar consigo misma y hacer las cosas que le gustan, aprender o hacer algo nuevo (desde una receta de cocina hasta tirarse de un paracaídas).

El cambio de percepción.

Como ya dije al principio, ser una mujer empoderada es un estado que nace de nuestro amor propio y confianza. Por eso, cuando ambos pilares se han agrietado y desvencijado, hay que fortalecerlos. Y ello solo depende de nosotras mismas. Nada que provenga del exterior será permanente. Todo está en constante cambio. Cuando dependemos de que alguien nos ame o de que todo nos salga como queremos para sentirnos amadas, el día que esa persona no esté o las cosas sean diferentes a como las idealizamos, no seremos dignas de amor.

Entonces, para ser una mujer empoderada hay que practicar darnos amor. En lo que nos decimos, en lo que hacemos y en lo que pensamos sobre nosotras. Y se podrá terminar el universo en un big bang inverso pero eso no afectará quiénes fuimos. El tema es que a veces, para amarnos, tenemos que “abrazar”, como diría mi amigo Juan, el policía de las palabras, un cambio de percepción. No lo atravesamos ni nos sometemos, simplemente lo abrazamos

¿Y qué es un cambio de percepción? Es como si pasaras a una nueva dimensión. Ya nada vuelve a ser ni a sentirse igual.

El otro día leí una frase que lo resume impecablemente:

“NADA HA CAMBIADO. YO HE CAMBIADO. Y TODO HA CAMBIADO”.

Por supuesto, para salir de lo conocido hay que adentrarse en lo desconocido. Dar vuelta la vida como una media. Pensar completamente diferente, conocer personas nuevas y hacer cosas que ni siquiera sabías que existían que alimenten tu espíritu. Te puedo dar una lista de todas las cosas que yo hice y que sigo haciendo para cambiar mi percepción, cada vez que algo no me funciona. Pero acá se trata de vos. Sos vos la única que puede darse cuenta de lo que desea, de lo que necesita y de lo que puede hacer para cambiar.

La mujer empoderada no lo puede todo, no compres los mensajes publicitarios de la chica maravilla que es profesional, tiene hijos, luce perfecta mientras hace los mandados o limpia la casa y parece no tener problemas. La mujer empoderada es la que se ama a sí misma.

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Laura Soto
Laura Soto es una incansable cuestionadora de las creencias preestablecidas que no le sirven para su evolución. Busca y encuentra el sentido que para ella tiene cada circunstancia. “Libertad” y “Experimentar” son sus dos palabras preferidas. Descubrió el Coaching a los 36 años y comenzó a aplicarlo en su vida, lo cual la llevó a sentirse plena y feliz. Dos años después empezó a estudiar la carrera en la escuela Lider Coach Profesional, certificándose recientemente con aval de la I.C.F. (International Coaching Federation). Promete llevar las valiosas herramientas que aprende continuamente a aquellas personas que se proponen el desafío de observarse para cambiar y mejorarse a sí mismas. Tiene el título de abogada, pero no se identificó con la profesión.