reacciones

Si de impulso se trata, somos muchos los que nos vemos identificados cuando vemos una situación en la cual las reacciones le ganan a lo que declaro que quiero.

Es entonces cuando empezamos a preguntarnos si realmente voy a poder lograr lo que deseo y comienza una batalla mental en la que muchas veces gana el repetir más de lo mismo.

Hoy veremos  por qué muchas veces nuestras reacciones son más fuertes que lo que queremos, desde las neurociencias.

La frustración de sentir que mis reacciones me dominan.

¿Alguna vez te encontraste diciendo que no “servías” para tal o cual objetivo? O quizá observaste que si bien todo tu deseo esta puesto en algo en particular, tus acciones son totalmente incoherentes con ese fin.

Este hecho, que nos pasa a la gran mayoría de nosotros en alguna área de nuestra vida, tiene su explicación respectiva neurocientífica.

Nuestro cerebro cuenta con dos caminos o vías de reacción frente a los estímulos. Una primera vía de reacción es rápida, veloz, con pocos datos e imprecisa. A esta vía le llamamos Camino Corto y lo que prioriza antes que nada es la supervivencia. Esta vía es la que nos hace saltar del susto cuando alguien nos agarra desprevenidos, o bien nos hace poner colorados cuando algo nos dio vergüenza.

Si no fuera por esta vía que nos permite en milésimas de segundos responder a una situación, no podríamos reaccionar frente a las urgencias. Ahora bien, la vida no es sólo emergencias, sino más bien se encuentra repleta de momentos en los que deseamos elegir cómo accionar y dirigir los procesos en relación a los resultados que queremos. Y es en esta parte donde  se centra la importancia de la segunda Vía o camino cerebral: el camino Largo.

La vía rápida y la vía lenta

Al mismo tiempo que frente a una situación mi cerebro activa una vía rápida, también comienza a desplegarse un camino más lento que lleva la información a la Corteza cerebral y nos permite dos cosas principalmente: Darnos cuenta de lo que ocurre y reflexionar sobre la situación.

Este camino es tres veces más lento que el rápido y nos llevará a evaluar la primera reacción. Es en ese momento cuando me doy cuenta por ejemplo, que me puse colorada porque me dio vergüenza una situación, o bien tomo conciencia que estoy gritando de más porque estoy muy enojado.

Entonces camino corto y camino largo, son dos circuitos paralelos, que mientras coincidan en la evaluación no presentan mayores dificultades, el problema está cuando las conclusiones a las que llegan son contradictorias.

Quizá te ocurrió que te encontraste en tu casa abriendo la heladera y comiendo un chocolate enorme y a los segundos ya te estabas conversando que eso no tiene nada que ver con tu objetivo de bajar de peso y mantenerte saludable.

O bien quizá te encontraste mudo frente a tu  jefe y asintiendo todo lo que decía, cuando en verdad habías planificado tener una conversación profunda para hacer valer tus derechos.

En estos ejemplos lo que ocurrió es que el camino largo, el reflexivo, no pudo ganarle a la reacción más instintiva. ¿Y esto por qué ocurre? Porque hay más conexiones cerebrales que van desde el cerebro emocional al racional que al revés – Entonces mi cerebro racional tiene menos posibilidades de “apagar” esa reacción instantánea. Es por esta razón que mucha veces nos cuesta tanto modificar un hábito.

Ganándole a nuestras reacciones

Hasta acá vimos el poder que tienen nuestras reacciones sobre nosotros. Ahora bien, desde que el ser humano evolucionó como tal, nos separamos de lo puramente instintivo para darnos la posibilidad de algo distinto: elegir nuestras acciones.

Y, ¿Cómo hacemos para poder elegir y apartarme de mi reacción automática? Primero y principal creer que podemos. Porque Cuando repetimos algo que no queremos más tenemos dos posibilidades: o pensamos que no podemos hacer algo diferente dándole poder a la reacción, o bien  podemos empezar a ver que si repetimos es porque aún hay algo de ello que debemos aprender.

Y en este punto me parece importante poder ver que nosotros somos muchos más que nuestras reacciones. Porque estamos muy acostumbrados a identificarnos con ellas, entonces decimos “lo que pasa es que me enojo rápido”, “Es que soy celoso”. Dando por hecho que como reacciono es como soy.

Somos mucho más grandes

Y como seres humanos tenemos la oportunidad de ver que somos más grandes que esa primera reacción: Somos el compromiso que tenemos con eso que queremos. Y ese compromiso es el que nos encuentra haciendo esfuerzos enormes para modificar una conducta, para un día estar disfrutando de ese logro tan merecido.

Por  eso hay dos pasos fundamentales para poder ser más fuertes que nuestras reacciones y ser nuestro compromiso. El primero es aceptar mis reacciones automáticas. Aceptar no es resignarme, es simplemente entender que por más que yo no lo elija voluntariamente, hay ciertas cosas que me pasan. Si me vivo peleando con mi reacción entro en una puja de resistencia.  Y, como dice la frase: “ todo lo que resiste persiste”.

Después de dicha aceptación es que podemos dar lugar al cambio, conectándonos con nuestro compromiso, conversándonos continuamente lo que sí queremos y diseñando rutas de acción que me ayuden a practicar caminos diferentes. Porque, al fin y al cabo, lo único que logra el camino al hábito es practicar, practicar y practicar. Entonces, ¿Cuán dispuesto estas a intentarlo?

 

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