ser más productivo

Dale un sentido a tu día pensando a propósito

En estos tiempos de incertidumbre que transcurren, algunos tenemos la sensación de estar sufriendo el día a día. Entonces nos surge eso de ser más productivos.

El malhumor y la resignación producto de la situación parecen tomarnos sin darnos cuenta, y generan que tengamos conductas disfuncionales para nosotros y para con nuestro entorno. Sin embargo, siempre tenemos la posibilidad de elegir sobre quien queremos ser  frente a las circunstancias. En este artículo propongo una mirada algo diferente, que nos lleve a darle un sentido a las cosas que hagamos, con un propósito claro e intencionado y que podamos ser más productivos con nuestro tiempo.

Saliendo de una emoción que no nos está funcionando.

Para comenzar a sacarnos esta impresión de “encierro”, vale la pena traer un extracto del libro El hombre en busca del sentido de Victor Frankl (1905-1997), psiquiatra y ex prisionero durante tres años en un campo de concentración.

La experiencia de la vida en el campo de concentración demuestra que el hombre mantiene su capacidad de elección. El hombre puede conservar un reducto de libertad espiritual, de independencia mental, incluso en terribles estados de tensión psíquica y física. Al hombre se le puede arrebatar absolutamente todo, salvo una cosa: la libertad humana, la libre elección de la acción personal ante las circunstancias para elegir el propio camino.

Entonces, me pregunto: ¿Qué observador estoy siendo? ¿Soy una víctima de la situación? ¿Vale la pena seguir quejándome y descargándome con quien tengo más cerca? O puedo distinguir que quien soy no me está alcanzando y elijo accionar de otra manera. Tomando lo que dice Frankl, en este contexto, no hay excusas para no responder de manera diferente. Esa libertad interior, que nadie puede arrebatar, nos confiere a la vida intención y sentido.

La pregunta que nos abre.

Qué es lo que deseo lograr hoy y como quiero transitar mi día nos lleva a nuestra mente a pararnos en otro lugar, nos permite salir de la queja y la excusa que nos generan ese estado interno que queremos modificar, y programar nuestro cerebro con una intención clara, consciente, positiva. Veamos entonces cómo podemos ser más productivos.

Establecernos metas u objetivos.

La influencia más deprimente del cautiverio era no saber cuánto duraría el internamiento. Nadie podía pronosticar una fecha de liberación. A diferencia del hombre normal, el prisionero no vivía ya orientado hacia el futuro. Por consiguiente, se modificaba por completo su estructura psicológica. El hombre que se dejaba vencer por la ausencia de futuro ocupaba su mente con pensamientos retrospectivos. Pero despojar al presente de su realidad tiene sus riesgos. El prisionero dejaba de realizar acciones positivas en el campo de concentración, oportunidades reales. Para esas personas, la vida perdía todo su sentido.

Victor Frankl – El hombre en busca del sentido

Una vez que reflexionamos y decidimos dejar de victimizarnos por la situación, estamos en condiciones de establecer que resultados quiero lograr.

Para la PNL (Programación Neuro Lingüística), cualquier comportamiento tiene un propósito, y si acontece, lo hace con alguna finalidad. El tema es que muchas veces esa finalidad no es consciente. De hecho, solo una ínfima parte de nuestros comportamientos tiene un propósito consciente y voluntario.

En muchas ocasiones, las personas parecemos funcionar en piloto automático, como si nuestros objetivos hubiesen sido pre configurados de fabrica, siguiendo mandatos familiares o sociales sin cuestionarnos acerca de ellos.

Algunos de esos mandatos pueden convertirse en objetivos propios luego de una reflexión consciente. Que hayan surgido como mandatos no los descalifican por sí. La conciencia nos permite examinarlos y elegir cuáles queremos para nuestra vida y cuáles no. A esto lo llamo darle una intención, pensar a propósito. Y una vez elegidos, los hacemos propios y se transforman en objetivos.

Existe una herramienta que es de gran utilidad para la vida personal y profesional y que para mí tiene un valor enorme en estos tiempos llamada Segmentos de Intencionalidad, con raíces en el Coaching Ontológico, la PNL y otras disciplinas vinculadas al desarrollo humano. Consta de 5 pasos.

  1. Dividí o segmentá tu día con aquellos objetivos o actividades que consideres esenciales, los más relevantes, que tienen que estar sí o sí, puede ser que algo que ya  estés realizando o no. Pensá en aquello que venís postergando, que te cuestan, y que sabes que si los lográs, te generan alegría y confianza para seguir con más. Por ejemplo: hacer actividad física, avanzar con ese proyecto que le estas dando vueltas, acompañar a tus hijos con las actividades escolares, planificación de las comidas, etc.
  2. Ponele una intención a cada segmento. Tomate unos minutos y respondete las siguientes preguntas: ¿Cómo querés vivir cada una de esas actividades? ¿Para qué haré lo que haré? ¿Qué impacto tendrá en vos y en el entorno cuando la cumplas? ¿Qué es lo que verás, escucharás y sentirás cuando lo hayas logrado? ¿Qué, con quién, dónde, cuándo y cómo sucede? Cuando nos respondemos estas preguntas, nos conectan por un lado con nuestros principios y valores, y por el otro, con nuestro diseño de futuro. Y cuando mis valores y mis comportamientos están en congruencia, podemos sostener la voluntad y la motivación para continuar hacia el resultado deseado pese a las adversidades.
  3. Colocale horarios. Te va a permitir organizarte mejor el día y darle prioridad a cada segmento. Acá podés utilizar la técnica 1-3-5. Consiste en realizar 1 actividad esencial y difícil de realizar, que es aquella que va a impactar más positivamente en vos, es aquella que tendemos a procrastinar. De estas actividades, sólo 1 al día. 3 actividades medianas, aquellas que el impacto que tendrán será menor que la principal y que muchas veces las ponemos por encima. Tienden a sacarnos del foco principal dado que resultan más fáciles de hacer. Y 5 actividades cotidianas, que requieren poco esfuerzo, pero su impacto tiende a ser menor. Estas actividades generalmente interrumpen el resto de las actividades, nos generan distracciones. Por su facilidad tendemos a atenderlas en momentos que no estamos teniendo el enfoque en las demás. Demosle la relevancia que tienen en el calendario, y no deberían ocupar demasiado tiempo en ellas.
  4. Coordiná tus acciones con los demás. La convivencia con otros y con uno mismo se torna un tanto más difícil por estos tiempos. Si convivís con otras personas, vas a necesitar de la colaboración de ellos, ya sea disponiendo de su tiempo, conocimiento, o simplemente que te brinden el espacio para poder vos para poder cumplir tus metas. Expresales cuáles son tus actividades del día, el valor que tienen para vos poder realizarlas y que es lo que estás necesitando de ellos para poder cumplirlas, qué necesitas de ellos y qué podés ofrecerles. Chequear con la otra parte que haya aceptación y una promesa de cumplimiento. De esta manera vamos a evitar choques o malos entendidos que nos lleven a descargar nuestro enojo sobre los demás y viceversa.
  5. Revisá al final del día como te fue. ¿Lograste todo lo que te propusiste?. En aquellas cosas que no, ¿qué fue lo que lo impidió? ¿Qué estarías necesitando y no pediste? ¿Qué faltó?

Al fin y al cabo, no solo podemos ser más productivos. También podemos encontrarle significado al sufrimiento de este “encierro”.

La actitud con la que un hombre acepta su destino y el sufrimiento que este conlleva lo puede dotar de sentido profundo a su vida. Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad o, arrastrado en la amarga lucha por la supervivencia, puede olvidar su dignidad humana y actuar como un animal, como sucede con los prisioneros de los campos. En esa decisión reside la oportunidad de atesorar o despreciar los valores morales que su dolorosa situación y su duro destino le brindan para su enriquecimiento interior.

Victor Frankl – El hombre en busca del sentido

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