Supervisión de Coaching
Damián Goldvarg Ph.D. MCC

Fundamentos Psicológicos de la Supervisión de Coaching

Por Damian Goldvarg, Ph.D., MCC

Un coach profesional que busque ser efectivo tiene que comprender las dinámicas que subyacen a la relación que tiene con su cliente, y esta exigencia de entendimiento es todavía mayor en la Supervisión de Coaching, donde se busca ofrecer oportunidades valiosas de desarrollo y de aprendizaje. Aunque no sea necesario ser psicólogo para supervisar efectivamente, familiarizarse con los modelos y las distinciones elaboradas por la Psicología permite un mayor repertorio de acción a la hora de indagar en el quien del coach y explorar los desafíos surgidos en las relaciones con sus clientes.

PhD. Damián Goldvarg
PhD. Damián Goldvarg MCC

De acuerdo a Bluckert (2006), La sensibilidad psicológica (psychological mindedness) es la capacidad para reconocer comportamientos, pensamientos y sentimientos (de uno mismo y de los otros), de indagar sobre ellos y de encontrar las relaciones que los unen. Esta capacidad requiere autoconocimiento y empatía con los otros, apertura, conexión con la situación presente (el aquí y ahora), curiosidad para descubrir y entender lo que sucede más allá de lo que parece que sucede y proactividad para relacionarse con los otros. La sensibilidad psicológica, en definitiva, supone el deseo de hacer múltiples y constantes esfuerzos y de actuar con disciplina para encontrar el sentido más profundo de las experiencias propias y las de los demás.

Según Bluckert, los clientes de Coaching Ejecutivo valoran primordialmente tres características de quienes prestan el servicio: excelencia profesional, conocimiento sobre el área de negocios y sensibilidad psicológica.

Estoy convencido de que la sensibilidad psicológica es clave para el trabajo del supervisor, aún más relevante que en el trabajo de Coaching, por eso presento brevemente teorías psicológicas que ofrecen distinciones prácticas a la vez que fundamentales para el trabajo en Supervisión de Coaching. En este artículo me enfocaré en el Psicoanálisis.

Sigmund Freud y sus discípulos ofrecen distinciones que resultan de gran utilidad para entender las dinámicas inter e intrapersonales. En el Modelo de los Siete Ojos, de Hawkins (2006), que explicaré en el próximo capítulo, al explorar las relaciones que existen entre los diferentes niveles de interacción entre supervisor, supervisado y cliente, nos encontramos con que este autor aplica conceptos tomados del Psicoanálisis: la transferencia, y la contratransferencia. El rol del supervisor consiste en examinar estas dinámicas para crear consciencia acerca de cómo impactan en el trabajo de los supervisados.

A continuación, brindo definiciones breves y prácticas de los términos que más se emplean en Supervisión de Coaching tomados del Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis (1973):

La transferencia consiste en trasladar a relaciones del presente aspectos vividos durante vínculos del pasado. Laplanche y Pontalis, en su Diccionario de Psicoanálisis, la definen como: «la situación en la que un sujeto transfiere inconscientemente y revive, en sus vínculos nuevos, sus antiguos sentimientos, afectos, expectativas o deseos infantiles reprimidos». El establecimiento de este lazo afectivo intenso es automático, inevitable e independiente de todo contexto de realidad. La transferencia es, además, la herramienta fundamental con la que cuenta el analista para conducir el tratamiento.

En el ámbito del Coaching esto suele darse, por ejemplo, cuando el cliente, de manera inconsciente, se vincula con su coach como lo hizo con su padre o con su madre, y repite en el aquí y ahora de la sesión una dinámica vivida en el pasado. En Supervisión, los casos de transferencia más frecuentes están vinculados a la atribución de características paternales que hace el coach a su supervisor.

La transferencia puede ser positiva, cuando aparecen sentimientos amistosos o afectuosos hacia el analista, el coach, o el supervisor o negativa, cuando se expresa por medio de sentimientos hostiles; y puede aparecer en tres modalidades:

  • Como proyección
  • Como idealización
  • Como competencia

Proyección

En su Diccionario de Psicoanálisis, Laplanche y Pontalis, definen a la proyección como una «operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa), cualidades, sentimientos, deseos, incluso objetos que no reconoce o rechaza en sí mismo». En la proyección, las características propias que el sujeto atribuye a otro (o inclusive a una cosa) son, por lo general, negativas, aunque existe también la proyección positiva, que se da cuando el sujeto atribuye cualidades dignas de ser admiradas a otro, como sucede, por ejemplo, en el enamoramiento.

En el ámbito de la Supervisión se verifica la presencia de una proyección, por ejemplo, cuando un supervisor es percibido por su supervisado como una persona autoritaria y crítica, cuando en realidad estas características negativas están presentes en el mismo supervisado, aunque no sea consciente de ellas. Quizás resulte útil para entender este proceso utilizar la metáfora de una proyección cinematográfica, donde lo que sale del proyector no existe realmente en la pantalla.

Idealización

Se presenta cuando el coach le atribuye cualidades heroicas o extraordinarias a su supervisor, y por este camino llega a desvalorizar sus propias capacidades. Una relación en la que el coach idealiza a su supervisor, exagera el valor de sus conocimientos y de sus habilidades, puede crear dependencia. El coach puede poner a quien lo supervisa en el lugar de un oráculo que conoce las respuestas a todas las preguntas. Cuando el coach o el supervisor son idealizados y esto no se explora, puede suceder que se pase de la idealización a la desidealización, si el idealizado no responde a las expectativas, que suelen ser irrealistas. Cuando estas dinámicas ocurren, el supervisado puede ser desafiado por sus comentarios que ponen al supervisor en el «pedestal» .

Competición

En el ámbito de la Supervisión, se da cuando el coach compite inconscientemente con su supervisor, impulsado por la inseguridad que experimenta. El resultado de esto suele ser que el coach perciba al supervisor como alguien superior, y que ofrezca resistencia a sus intervenciones por percibirlas como críticas, o que desvalorice los aportes del supervisor por considerar que no están a la altura de su nivel de profesionalismo. 

 

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