primer coach

En estos momentos que todos estamos transitando la famosa cuarentena, surgen noticias que a veces no son las que quisieras recibir, como lo es la pérdida de un ser querido, un conocido o alguien a quien le hemos tenido un afecto especial.  Ante tal noticia, es inevitable el llamado a la reflexión y una ola de recuerdos nos invade y ahí me di cuenta que de muy joven tuve mi primer encuentro con un coach.

Mi primer encuentro con un coach y las enseñanzas que me dejó

En este caso puntual, me ha tocado de cerca. Ha partido una persona a quien siempre guarde un especial cariño. Recordando anécdotas, experiencias y aprendizajes aprendidos en el camino que recorrimos juntos por unos seis o siete años aproximadamente, me di cuenta que fue mi primer encuentro con un COACH.


Si bien en ese entonces la figura de “coach” solo era un término conocido con el que se identificaba a los entrenadores deportivos en los Estados Unidos, yo estaba viviendo en persona la experiencia de tener un “coach”, no un coach profesional como conocemos ahora, en este caso era un coach o entrenador deportivo.

¿Qué características tenía que lo hacían un coach?

Era un entrenador como pocos. Fanático, apasionado del deporte que enseñaba “voley”, al punto de no importarle nada ni horarios ni días que tuviera que dedicarse a enseñar. Él lo daba todo por ese deporte y por el grupo de alumnos que tenía.

Uno de esos pocos que se atrevía a decir “que él no viajaba con un equipo a competir”. No. Él siempre decía “Yo no vengo a competir, yo vengo a GANAR sino me quedo en mi casa”.

Sus clases se caracterizaban por empezar siempre pasado el horario, sí otra cosa que lo caracterizaba precisamente no era su puntualidad. Era dueño de un sentido del humor particular y una forma de enseñanza un tanto retrograda y a veces cuestionable.

Solíamos pasar nuestra adolescencia y en pleno verano, en el horario en que todos disfrutan de la piscina y los mates, subiendo y bajando las gradas de las tribunas del Centro de Educación Física y otros tantos ejercicios más que al día siguiente te levantabas de la cama y las piernas no te sostenían.

Había ocasiones, en la que a modo de competencia, se contaba quien podía mantener por más tiempo determinado ejercicio y quien no podía cumplir el cometido, recibía como sanción la imposición de hacer una determinada cantidad de abdominales frente a todas sus compañeras, ahora a la distancia veo que era su forma de motivarnos a dar lo mejor de cada una de nosotras.

Nos enseñó a ganar la confianza para enfrentar torneos en grande clubes deportivos con mucha afluencia de público, todavía recuerdo las reprimendas que recibíamos cuando alegábamos que una jugada no había salido porque estábamos nerviosas.

Aún veo la cara de horror de algunos padres que presenciaban los partidos ante los gritos enardecidos de nuestro entrenador y la manera que tenía de dirigirse a nosotras. Quienes con el tiempo aprendimos que él era así, que esa era su forma de comunicarse y hasta en algunas ocasiones nos causaba gracia.

¿Cuáles fueron esas enseñanzas que me dejó?

Este “coach”, entrenador deportivo, nos dejó a quienes fuimos sus alumnos algunas enseñanzas que no sólo aplican para el deporte y me gustaría mencionarlas de la siguiente manera:

  1. Que sin esfuerzo, disciplina y perseverancia no se logran los objetivos.
  2. -Que siempre hay que observar al adversario, su postura, sus gestos, sus movimientos. Lo que nosotros los coaches mencionamos como lenguaje corporal.
  3. No dejarnos vencer por los nervios, silenciar el ruido de los que nos rodea y enfocarnos en lo que tenemos que hacer. Que no importa que tan nervioso estés, tu contrincante no debe advertirlo.  Manejo de las emociones mediante algún tip y mantenerse enfocado en la meta.
  4. No perder de vista cuál es el resultado que queremos lograr y en base a eso actuar. Situación deseada y situación actual y en base a ello actuar de manera que lleguemos a esa situación deseada.
  5. Nos hizo entender que para comunicarnos con nuestras compañeras en la cancha, solamente basta una mirada para entenderse. Comunicación no verbal.
  6. Que en un deporte de equipo hay un capitán, porque las reglas así lo requieren, pero que ningún jugador es más importante que otro, porque todos contribuyen desde su lugar al logro de los resultados.  Liderazgo compartido.
  7. Que el hecho de que una jugada saliera mal, no significa que el partido este perdido, pero que es necesario, levantarse y empezar de cero, borrar de la mente el punto perdido y enfocarse en el punto que quiero ganar.  Dominar la mente en función del objetivo a lograr.

Mi querido entrenador que a la joven edad de 70 años, ha abandonado su forma física, fue en todo sentido un coach, no de los coaches que actualmente estamos acostumbrados a hablar, fue un coach deportivo y de vida, que nos enseñó lecciones muy valiosas y útiles aplicables en otros ámbitos de la vida. Por ello considero que ese fue mi primer encuentro con un coach.

No hace mucho, luego de varios años sin vernos, la vida nos regaló tres encuentros así de casualidad. Aún recuerdo la alegría que le ocasionó nuestro último encuentro, en donde tal vez sabiendo de la dolencia que le aquejaba se interesó por mi vida, pregunto por mis padres y se despidió diciendo que estaba muy contento de verme.

Muchas veces no nos damos cuenta de la trascendencia, el impacto y la influencia que pueden tener ciertas personas en nuestras vidas, como el caso de mi entrenador, un profesor de educación física. ¿Cuántas veces los padres critican al “profe” de educación física? Ese que les hace hacer pavadas a los chicos y no les enseña nada.

Nos dejamos llevar por juicios infundados, sin saber o querer reconocer el valor agregado que un entrenador o profesor puede dar en sus clases y que no sólo aplican al deporte, sino a la vida misma.

El compañerismo, compartir, observar a la persona que está a nuestro lado, ir todos juntos para lograr un objetivo, se aprende desde esas primeras instancias de aprendizaje, en donde quienes se dedican a dicha actividad hacen uso de su creatividad porque no cuentan con materiales para trabajar.

Tal vez sea hora de valorar las enseñanzas más básicas y esenciales que se nos brindan desde la infancia y los primeros años de instrucción. Yo tuve la suerte de toparme con un entrenador de alma, un incomprendido y tachado de “loco” por su afición y pasión por el deporte que enseñaba. Pero que las lecciones que nos enseñó nos sirvieron para el resto de nuestras vidas.

No me queda más que agradecer el haberte encontrado en mi vida y sé que ahora los ángeles se entrenan para tener grandes competencias de voley y a vos que estás leyendo estas líneas invitarte a reflexionar acerca que “coach” te ha tocado con su varita en algún momento de tu vida, seguramente alguno hay.

Finalmente te invito a leer una nota anterior sobre los miedos que motivan

Mira el perfil profesional de Mara Rossi en BuscaTuCoach

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