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Mariano Sigman: «La vida es una narración de nuestra propia realidad»

PressCoaching por PressCoaching
hace 4 horas
en Noticias y Actualidad
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Mariano Sigman es Doctor en Neurociencia y licenciado en Física. En sus libros combina investigación científica y divulgación, reflexionando sobre fenómenos del presente con teoría y datos. En El poder de las palabras (Debate) explora cómo las historias que nos contamos intervienen en la manera en que vivimos.

Esto mismo es lo que postula el Coaching Ontológico: que creamos nuestra realidad a partir del uso que le damos al lenguaje y gracias al poder generativo de las palabras.

En su nuevo libro, El poder de las palabras, Sigman explora cómo el lenguaje interviene en la forma en que pensamos, recordamos y construimos nuestra propia historia.

¿Cómo nos contamos la vida que vivimos? ¿Cómo construimos los recuerdos? ¿Por qué conversar es la mejor herramienta para pensar bien? ¿Por qué en la vejez la juventud parece más vigorosa y el presente vive de glorias pasadas?

Licenciado en Física, doctor en Neurociencia y posdoctorado en Ciencias Cognitivas, Mariano Sigman fundó el Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Buenos Aires, y fue uno de los directores del Human Brain Project, un gran proyecto científico europeo dedicado a entender mejor cómo funciona el cerebro. Además de El poder de las palabras, escribió La vida secreta de la mente (Debate), Artificial. La nueva inteligencia y el contorno de lo humano (Debate, junto a Santiago Bilinkis) y Amistad (Debate/Libros del asteroide, junto a Jacobo Bergareche).

– Decís que las palabras no solo cuentan lo que nos pasa, sino también que pueden cambiar la manera en que lo vivimos. ¿Cuánto de cómo vivimos lo que vivimos depende de las historias que nos contamos?

– Tanto como imaginate la misma historia contada por 20 autores distintos. Cada uno elige un punto de vista, una perspectiva, un foco, algo en lo que concentrarse. Es la misma historia, es la misma realidad, pero está contada distinta. A nosotros nos pasa lo mismo. En esto no hay nada de relativismo: hay cosas que pasan en la vida, cosas que son buenas y cosas que son malas, uno puede tener suerte con algo, puede enfermarse, puede tener pérdida.

Estas cosas van dando forma a nuestra vida, pero dentro de cada una de ellas siempre tenemos bastante más margen del que pensamos para elegir la narración de cómo se la contamos a las otras personas y, al mismo tiempo, a nosotros mismos. Entonces, al final, la vida es una narración de nuestra propia realidad.

En la realidad muchas veces no tenemos injerencia de cosas que pasan o que no pasan, pero en cómo nos la narramos -que es una parte muy importante de cómo terminamos viviendo- tenemos bastante más injerencia de lo que pensamos.

– Asegurás que “una sola frase puede convencer a alguien de que es incapaz de pintar, dedicarse a las matemáticas o de amar”. ¿Por qué sus efectos son tan potentes?

– Si alguien te dice que no sos buena para las matemáticas, por ejemplo, vos registrás eso como una opinión. Es la opinión de una profesora, de un profesor, de un amigo o de una amiga. A veces resulta bastante demoledora, pero aun así uno separa la opinión de alguien sobre algo de la realidad. Podés refugiarte en otra gente que te dice otras cosas o rebelarte contra esa idea.

El problema es cuando uno dice eso sobre uno mismo. Sigue como una opinión de lo que uno piensa que puede hacer, pero uno salta a conjeturas muy rápido (“yo no sirvo para las matemáticas”) y establece teorías generales sobre cómo funciona el mundo. Establece una teoría sobre uno mismo. Y cuando esas teorías aplican a nosotros mismos, ya no las percibimos como opiniones, sino como la realidad. Uno no dice “es una opinión mía sobre mí mismo”, sino “es así, porque yo me conozco”.

Esas opiniones se vuelven “reflexivas”, es decir, empiezan a actuar como profetas de su propia causa. Cuando Newton plantea la teoría de la gravedad, eso no cambia cómo caen las piedras (a las piedras les da igual lo que alguien piense). Pero cuando uno dice de sí mismo que es incapaz de hacer algo, esa teoría cambia la realidad, porque uno empieza a actuar en consecuencia.

Para aprender algo, tenés que ponerte a prueba; pero si decretaste que no podés aprender algo, ya no lo hacés, y será una suerte de profecía autocumplida. Esto no debe confundirse con un poder arbitrario de las palabras. Si tenés una enfermedad grave, pensar que te podés curar te puede ayudar por el efecto placebo, pero no alcanza para curarte. Las palabras no tienen la capacidad de obrar cualquier realidad, pero sí nos habilitan a intentarlo. Pueden envalentonarte, habilitar para intentar algo y después ver si algo es posible o no; o pueden intimidarte. Y las palabras más intimidantes sobre nosotros las establecemos nosotros mismos. Eso es lo más trágico, pero se puede revertir.

Lee la entrevista completa de Sabrina Díaz Virzi para el diario Clarín

Etiquetas: Coaching OntológicoMariano SigmanNeurociencias
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