La frase la repito una y otra vez: tu verdadero valor no está en tus diplomas, credenciales o certificados. Lo que te hace único son tus experiencias. Todo aquello que viviste y, sobre todo, aquellos desafíos que parecían demasiado grandes y que al final superaste.
Cuando recapitulamos y volvemos a examinar esas circunstancias desafiantes que nos tocó atravesar, tenemos la oportunidad de resignificar lo vivido y seguir extrayendo aprendizajes. Requiere compromiso con uno mismo y coraje para volver a enfrentar esos recuerdos que resulta más cómodo mantener en el inconsciente.
El síndrome del impostor
No conozco personas que no lo hayan experimentado. Se trata de esas voces que te dicen que «todavía no sabés lo suficiente» o «te falta experiencia», frases que te frenan y no te dejan visibilizar tu verdadero valor.
No necesitás ningún gurú que te apruebe. No necesitás más cursos ni certificaciones. Necesitás recuperar la confianza en vos mismo y apreciar el camino recorrido. Aquello que vos callás por vergüenza, otros lo cuentan en voz alta y lo capitalizan.
Recuerdo cuando escuché a Jürgen Klaric contar la anécdota de su primer emprendimiento en la escuela primaria. Parecía que estaba contando mi historia. No podía creer lo que estaba escuchando: era exactamente lo que yo hacía en los recreos: alquilaba mis juegos electrónicos a mis compañeros y así juntaba lo necesario para comprar algo en el kiosco. Ojalá hubiera tenido en ese momento conocimientos sobre interés compuesto o lo más básico sobre finanzas. En ese momento solo me movía la supervivencia, y ese dinero que ingresaba lo dejaba en el kiosco del colegio. Pero ese es tema para otra nota. El punto aquí es que nunca se me había ocurrido contar esa anécdota de mi primer emprendimiento porque la subestimaba. Y ahí estaba este señor en el escenario de un teatro en la Avenida Corrientes, aplaudido por una sala colmada de gente.
Esa historia que no te animás a contar en voz alta porque tus modelos mentales la califican de insignificante, la van a contar otros y van a ganar confianza y clientes por hacerlo.
Lo que de verdad le importa a tu cliente
¿Alguna vez elegiste a un dentista o a un médico clínico por la universidad donde estudió? La pregunta es retórica. Nunca elegimos a un profesional por lo que diga su diploma. Por este motivo me llama la atención lo que sucede con esas personas que cargan sus presentaciones mencionando que estudiaron en tal o cual lugar y con fulano o mengano, como si eso fuera garantía de algo. He conocido muchos profesionales poco serios que estudiaron y se formaron con referentes de su sector. Hay personas sin ética ni escrúpulos que invierten mucho dinero en formaciones muy costosas. El título no te hace mejor persona ni mejor profesional.
Con todo esto no le resto importancia a la formación profesional. Claro que es importante formarse, estudiar y actualizarse. Sin embargo, cuando una persona no ha trabajado lo suficiente en su propia autoestima, ninguna formación le resultará suficiente.
Por eso digo que a tu cliente solo le importa si podés ayudarlo a lograr lo que quiere. No le importa si lo hacés con magia, con Reiki, con Coaching, con Bioneuroemoción o con cualquier otra disciplina. Lo único que le importa es lograrlo. No le importa el vehículo; le importa llegar al destino.
Dos ejemplos para finalizar
Ejemplo 1: Cuando querés colgar un cuadro en la pared no te importan las especificaciones técnicas del taladro; lo que querés es hacer el agujero.
Ejemplo 2: Cuando querés unas vacaciones en la playa no te importan las especificaciones técnicas del avión. ¿Te imaginás si el agente de viajes te empieza a hablar de los aspectos técnicos del Airbus o del LearJet en lugar de hablarte de los beneficios del hotel?
Lo mismo le ocurre a tu cliente cuando le hablás de Psiconeuroinmunoendocrinología, Ontología del Lenguaje, Biodescodificación o lo que fuera que utilizás en tu consulta.
Tu cliente quiere escuchar cómo lo lograste vos, o cómo ayudaste a otro a lograrlo. Quiere escuchar esa historia. Si te animás a contarla, esa persona se va a ver reflejada en la situación inicial y te va a prestar atención. Cuando cuentes cómo pudiste lograrlo, va a sentir confianza. Y eso es lo que no generan las palabras técnicas de una disciplina desconocida para tu cliente.
Si todo esto te hizo sentido, tal vez te interese leerlo con mayor profundidad en mi libro «Palabras que impactan: cómo comunicar tu emprendimiento en la era de la IA».
Y si después de leerlo querés aprender a contar tu historia y publicarla, aquí te dejo el link con la información de mi programa Travesía.







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